una que otra toalla colgada desde un gancho
por encima de la estufa a parafina.
Un toque a pan tostado, una mezcla entre
parafina y ropa húmeda, un gesto cariñoso
una bienvenida a casa, una nariz helada,
olor a ropa seca y lavada.
Un particular olor que emana de la cocina a
maté con un poco de té y olor a gas,
un silbato que llama, junto con el humo que se desprende,
los sitiales en su lugar.
El ruido de los platos al rozar el mantel, el servicio puesto
y una taza de té que beber. La mesa ya está puesta,
los comensales contando como estuvo el día, sonriendo
a la vez y los niños mirando lo que en la TV.

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