domingo, 23 de mayo de 2010

la hora de tomar té.

Y las horas de tomar té ya no saben igual que antes, ese olor a pan tostado con un poco de margarina las tazas humeantes con leche en polvo el azúcar en azucareros de madera, el frío del invierno y el té que humeaba de la taza vecina los cuchillos largos estilados las cucharas grandes ese particular olor a té que llegaba por la nariz y se te encarnaba en las venas te llegaban a la sangre y te bombeaban el corazón llegaba a tu cerebro y te recordaba aquella sensación, el piso era de baldosa parecía solo una pieza. un color azul petroleo las sillas de paja y madera y el mantel de plástico las tazas rechinando y el suave aroma a té cargado que venían de la cocina, es que la hora de tomar té ya no sería igual y sabes por que? porque faltaría el ingrediente principal tu cara tus arrugas tu ojos que lagrimaban solo, tu risa tímida y feliz porque no fingías como los demás porque ofrecías hasta tu propia leche y porque siempre te sentabas en esa esquina de la mesa y tomabas tu única taza de té con leche en polvo. y ya no volvería a estar aquella casa que almacenaba tantos recuerdos que ya ni ella los recordaba.

Aún te siento acá. A meses días, horas, minutos de tu muerte.

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