martes, 11 de septiembre de 2012

Cuentas.

Un rosario, tenía la función, en ese entonces de tapar aquello
de envolver y aliviar mi mano.
Sin las cuentas, o aquellas que ya no vivían estaban rotas
quizás me acompañaría por unos años más, el alma era frágil 
y la debilidad igual a la lluvia. 
Tenía sentido aferrarse a una sarta de cuentas, mas sentido tenía
llevarlas como prenda, incluso hoy en día.

Del indice colgaba un par de cuentas con la cruz, que finalmente
abrigaba con la palma de mi mano, y cuando creía que se me 
escapaba el alma, intentaba aprisionarla y pidiendo a dios 
que no explicara, pero que me diera la oportunidad de sentir
cinco veces las cuentas vivas que me quedaban.

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