Le servias la comida a él, como si no existiera un mañana permeable
te sentabas en la mesa a conversarle de como había estado el día
cansada te ibas al sillón, le abrazabas, se perdía tu mirada unos segundos
y a la escena, luego, retornabas.
Mientras quizás él también pensaba en ti, en una que otra palabra que posiblemente
habías dicho, en un suspiro que lo habías hecho reír, y en tan poco tiempo que lo
hacías sonreír de la nada.
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