
su apariencia era tan fragil,
tierna; tan dulce, tan suabe...
que al pequeño rose con las espinas
aquellas se volvian dociles y
sutiles. su bellaza y explandor
era tal que todo hasta las más duras piedras
podiran volverse pan.
Pero su interior era tan biscoso
tan oscura tan putrefacto que
cuando llegaba más alla de lo
superficial las rosas se marchitaban
las flores se dormian y pudrian.

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