Cada martes en la mañana me levantaba más temprano de lo habitual
un cuarto para las seis de la mañana era una buena hora.
A pesar que entraba a las ocho .
Me tomaba mi tiempo, escogía mi ropa, peinaba mi cabello y me preocupaba oler bien.
Tenía clases contigo, pero no era solo que me gustara mirarte dar la cátedra, si no que esto
hacia que dormir una hora menos valiera la pena.
Tu intelecto y lo mucho que sabias hacia que me sonrojara.
Te escribi correos donde decia que te entregaría todo , claramente me refería a los trabajos faltantes.
Aún siento mi cara ardiente.
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