tac-tac-tac-tac (...)
De repente parecía cantar una canción, pero solo de repente, como si la cosa quisiera o como si no quisiera mejor dicho, hacerlo con intención. Y como si fuera poco las contaba, una, dos, tres, cuatro, cinco; Hasta que caían dos juntas y perdía la cuenta nuevamente. Era uno de esos días que te daban frío pero a la vez una gratitud, entre tanto y tanto algún rayo de sol parecía asomarse pero era en vano. Por hoy la lluvia seguiría.
14:30hrs. y esos ojos color celeste de repente se tornaban grises al mirar el cielo. Era como si el clima estuviera reflejado y perdido entre tanto y tanto andar, no eran dos ni tres, hasta se perdía la cuenta. Es que si mirabas bien ellos eran los dueños de la calle. A lo lejos se escuchaba una canción como la canción del recuerdo, como si estuviera a punto de filmar una película y una escena de esas románticas que te dan pena. Pero en este caso fue lo que me saco de mis pensamientos, metí la mano al bolsillo y sentí que la canción que sonaba provenía de allí, introduje las dos manos al bolsillo como si lo que fuera a sacar me tuviera algo importante que contar(...). Fue entonces que escuche una voz más grave que la mía y un aroma a madera fría.
-Dudo que pare de llover. ¿No cree usted?
- Es probable.
Y volviendo a mi, trate nuevamente de meter la mano al bolsillo.
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